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“Es un misterio por qué a un disco le va bien”
Ernesto Tabárez de Eté & los Problems
 
Por Licha Machado
 
“Cuando llegué, me tomé mal el subte y después me olvidé la guitarra en el taxi. Por suerte el taxista volvió y me la trajo, así que lo invité a venir al show”, cuenta Ernesto Tabárez, cantante y líder de Eté & los Problems sobre sus primeras horas en Argentina. Su banda va a despedir el exitosísimo “El Éxodo” el próximo 8 de diciembre en Uniclub, antes de darle rienda suelta a lo que será “Hambre”, su siguiente material. Además de su anécdota, también adelantó algo de lo que se vivirá esa noche y sobre su último álbum.
 
Eté y Los Problems
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¿Es el show más importante de la banda acá?

Producido por nosotros es el más importante, es una apuesta gigante. Es muy grande pero el lugar nos da las condiciones de sonido, iluminación y de comodidades de laburo que queríamos y que ya tenemos en Montevideo.

¿Cuánto tienen resuelto y cuánto se define a último momento?

Nada se resuelve a último momento en un show así. Nosotros preparamos todo un proceso para liberar después las fuerzas que se dan en el show, pero el repertorio, las luces y todo lo técnico está resuelto. Es exactamente el mismo show que dimos en La Trastienda el 3 de noviembre, que fue la despedida de “El Éxodo” allá.

Además de despedir el disco, se viene uno nuevo. ¿Cuánto va a sonar de lo nuevo y cuánto de “El Éxodo”?

“El Éxodo” va a sonar entero, porque es la despedida y la última vez que vamos a tocar todas esas canciones juntas. Además, vamos a tocar algunas de los anteriores y tres del nuevo.

¿Qué tenía de especial “El Éxodo” para que explotara tanto?

El sonido se emparenta bastante con el de nuestro primer disco en algunas cosas. Fue grabado del mismo modo: el primero lo hicimos todos juntos tocando, el segundo por capas en un proceso largo y en el tercero decidimos volver a la primera forma, que había sido la favorita. De algún modo la música es lo que sucede cuando nos ponemos a tocar juntos, no necesariamente cuando sumamos capas. Y yo creo que lo que tiene son las canciones, es un tipo de canción. Tenemos un show poderoso, y las personas empezaron a venir a vernos por las canciones del disco y se quedaron. Pero es un misterio por qué a un disco le va bien, si la gente lo supiera le iría bien a todos los discos.

A la hora de grabar, lo hicieron todos juntos. ¿Y para componer?

Por lo general yo trabajo solo, hago unos demos elementales con una batería clásica, un par de guitarras, un bajo y algunas voces. Eso sugiere líneas de trabajo para todos los instrumentos y, luego, lo siguiente es juntarme con Santiago Peralta, que es el guitarrista de la banda y como el jefe musical del asunto porque es el más preparado. Yo las cosas que llevo muchas veces tiene acordes que están todos mal o algunos ruidos y Peralta transforma todo eso en algo que tenga un poco de sentido. En paralelo a eso, vamos trabajando con la banda. Naturalmente, Andrés, el baterista, tiene conceptos para la batería superiores a los que manejo yo, va proponiendo cosas más sofisticadas. Y bueno, Marto, el bajista, es el primer disco que va a trabajar pero resuelve todo bastante rápido. Para el nuevo disco trabajamos algunas canciones, llevé 5 a ver cuáles queríamos tocar y rescatamos 3. Y la recepción de las canciones en Montevideo fue realmente sorprendente.
 

 

Lo que se viene

De cara al 2018, los Problems se embarcarán en un nuevo material. Mucho de eso ya está trabajado y Ernesto adelantó algunos conceptos.
En una entrevista comentaste que querías un disco “más espeso y con canciones más lindas”. ¿En qué sentido?

“El Éxodo” tiene una condición, que es parte de su naturaleza y del momento en el que lo escribí, que es un disco urgente y de algún modo está subarreglado. Me refiero a que el trabajo musical estuvo en lo compositivo, pero el arreglo fue muy visceral. Yo quiero un disco con más capas esta vez, con más cosas que escuchar.
Como el segundo.
Como el segundo, pero con las condiciones del primero y el tercero. Es una típica marcha/contramarcha, ya fuimos para allá y ahora vamos para el otro lado. Lo que sí quiero es más sonoridades, que el segundo no lo tiene. En este quiero un bandoneón, ciertas percusiones, quiero sintes, quiero que cantemos mejor colectivamente… Quiero cargarlo arreglísticamente en ese lugar, manteniendo la idea de que sean canciones lindas, que no se sostengan en su arreglo sino en la canción. Para mí todas las canciones las tenés que poder tocar en una criolla y que suenen.

¿Cómo llevarías al vivo esa incorporación?

Nosotros no nos preocupamos por eso. Probablemente tengamos más gente tocando o no, le encontraremos la forma. Por ejemplo, hay una canción de las que estamos tocando que tenía un montón de cosas y en el disco probablemente las tenga, pero en la versión que encontramos para nuestros cuatro instrumentos funciona a la perfección. Nosotros contamos con Santi Peralta, que es una persona muy talentosa y una capacidad de sonoridades múltiples. Tiene una capacidad de tocar la guitarra muy superior a la mayoría de las personas que yo conozco, dentro de la banda lo admiramos.
¿Te genera alguna presión a la hora de componer nuevas canciones el éxito que tuvo el disco anterior?
No me genera presión, componer es una cosa muy íntima, muy interior. Yo me olvido de comer cuando estoy componiendo, imaginate cuánto pienso en el disco anterior. Un disco es un mundo paralelo que vos creás. Todos mis discos dialogan entre sí, igualmente, pero como obra y no en un sentido comercial. Obvio que uno pone un montón de trabajo y me gustaría que esas canciones lleguen al corazón de otros y vendamos un montón de tickets, pero no es haciendo canciones que traten de hacerme rico que llegan al corazón de las personas. Yo creo profundamente que si a alguien le gustó alguna canción de “El Éxodo” tiene que ver con que son canciones que me gustan profundamente y que son desde mi más honda verdad. La canción genera un puente con el otro y el otro siente que es verdad o no.

¿El proceso de componer suele ser constante, o te sentás cada vez que vas a preproducir un disco?

Es cada vez más constante, va ganando en intensidad. Al principio voy recolectando pedacitos de cosas, los pongo en una carpeta y los dejo fermentar. Yo hago discos porque los necesito, y cuando lo termino no necesito decir nada porque acabo de decir todo. Después, empiezan a aparecer ideas que voy guardando y es un flujo constante pero chiquito, que se va volviendo caudaloso hasta que en un momento estoy naufragando en el disco y al final lo domino. Hay gente que lo hace de un modo mucho mejor y más simple, yo tengo que hacer todo lo que tengo que hacer para que me salga. Es un proceso muy caótico, pero constante.

Para lo que se viene ahora, ¿de qué estás queriendo hablar?

Todavía no tiene nombre lo que quiero decir, todavía no tiene palabras. Cuando encuentro las palabras para decirlo tengo el disco. Sé que es un disco que reflexiona sobre los grupos de mamíferos, sobre la manada como figura.

¿La manada en un sentido más visceral o social?

En todos los que encuentra. Estoy pensando en una manada, en un territorio geográfico fantástico pero que es siempre el mismo. El disco tiene árboles, tiene bosques, tiene ríos y tiene una manada de mamíferos deambulantes. “El Éxodo” terminaba con una multitud caminando, y esa multitud entra al bosque. Es un disco que bien podría ser sobre el bosque, pero es sobre la manada. Se va a llamar “Hambre”.

¿Solés leer para componer las letras?

Yo leo mucho, soy más lector que cualquier otra cosa. Para este disco estuve leyendo varias cosas de zoología antigua, que es lindo porque está mal pero genera un lenguaje copado. Es muy difícil explicar qué leo, porque cuando trabajo en los discos termino con extrañísimas búsquedas de Internet a las 4 de la mañana sobre alimento balanceado para lobos a ver si existe o sobre la heráldica romana. Hace un tiempo estuve estudiando sobre las decenas de palabras que tienen los alemanes para decir lobo o sobre cómo se curan las lesiones exteriores los árboles.
Digamos que está todo fundamentado lo que decís.
No, porque el chiste es tener esa libertad. Lo que sí tengo es elementos simbólicos que utilizo para generar un conjunto de reglas internas en el disco que yo respeto si quiero. Como sabe cualquier juez federal, el que hace las reglas las pueda cambiar, yo hago lo mismo. La canción es la que manda, la voluntad que propone es la que define todas las cosas al final.

Comentaste que tenían ganas de irse de gira para presentar el disco. ¿Dónde te gustaría ir?

Hicimos una gira por Europa a principios de este año, que hicimos 14 fechas en Alemania y 4 en España. Cuando hicimos España me quedé con la sensación de que teníamos que ir más porque había personas esperándonos, gente que sabía las canciones, la respuesta fue valiosa y nos sentimos a gusto caminando por ahí. Entonces, a mí me gustaría hacer la gira inversa: hacer las 4 ciudades de Alemania que más nos gustaron y una gira más larga en España. Después, me gustaría mucho hacer asaltos comando a zonas de shows acá, con dos o tres por el sur, otras al centro y así. En realidad a mí me gusta ir a cualquier lado donde haya gente que quiera escucharnos, de verdad. Agarrar la guitarra, cargar la valija e irme a tocar música es algo por lo que yo decidí hacer esto porque me entusiasma. Vamos a donde nos lleven las canciones.


 
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